Maratoneando

La experiencias de Albertín, Carlos Javier y Juan Carlos, en su pasión por correr. Entrenamientos, competiciones, sensaciones.

lunes, 25 de junio de 2007

Crónica de una gesta

Después de varios días lloviendo, ayer la mañana se presentó en el Bierzo veraniega. Parecía que estaba reservando su mejor cara para el maratón. Sobre las siete de la mañana Albertín y yo no encontramos en la ponferradina Avenida de América. No tenía mala cara el maratoniano aunque supongo que los nervios no le habrían dejado dormir a pierna suelta. Veinte minutos después llegamos a Toral. El ambiente “premaratoniano” es un espectáculo quizá solo apreciable para aquellos que amamos este deporte. En aquel pequeño pueblo casi trescientos chicos y chicas apuraban los últimos instantes antes de enfrentarse a la mítica distancia: 42 km 195 metros.

Albertín afrontaba su cuarto maratón y aunque era consciente de que las lesiones no le habían dejado prepararse como le hubiese gustado, la ilusión de volver a correr un maratón dos años después, se reflejaba en su rostro antes de la carrera. Se situó en la parte de atrás en la línea de salida y comenzó la maratón con prudencia. Según pasaban los kilómetros y como veía que su organismo iba respondiendo bien, su ritmo se fue volviendo más alegre. Se encontraba bien hasta el punto de ir escalando posiciones y marcando tiempos que estaban por encima de sus previsiones iniciales. Así pasó por el kilómetro 10 situado en Cacabelos en un tiempo de 53 minutos y por la media maratón de Cuatro Vientos entorno a la hora y cincuenta minutos. Todavía aguantó a buen ritmo unos kilómetros más pero a partir de kilómetro veinticinco y según dejaba atrás su Ponferrada natal empezó su particular calvario. Está claro que todos los maratones tienen su muro pero en este a Albertín le llegó demasiado pronto. Después le comenté que en mi opinión si hubiese hecho esos primeros kilómetros más despacio quizá hubiese retrasado esa crisis, pero él pensaba que igualmente la pájara le hubiese llegado ahí. El caso es que aún quedaban 17 kilómetros y si en ese momento las piernas te dicen que no, os podéis imaginar que las posibilidades de llegar a la meta son pocas. Pero Alberto tiene mucha casta. Sólo él sabe el “infierno” por el que pasó, y sólo él sabe lo mucho que sufrió. Pero no fue un sufrimiento gratuito. Terminar una maratón es una de las cosas más gratificantes que hay. Y terminarla en las condiciones que él lo hizo ayer lo es aún mucho más.

Los pueblos que debía recorrer antes de volver a Toral no parecían terminar nunca: Flores del Sil, Dehesas, Villaverde y Villadepalos fueron atravesados por Albertín con un sacrificio enorme y con su mente inevitándolo constantemente a abandonar su reto. Pero por fin llegó Toral y aunque aún quedaban más de dos kilómetros por el pueblo Albertín supo que los conseguiría. En la meta les esperaban sus padres. Aunque no es una persona que muestre muchos sus emociones sé que su presencia fue una de las cosas que más le gustó. También la de su hermano César que siguió en coche la maratón y animó a Alberto en varios puntos.

Para mi fue un día inolvidable en el que tuve la suerte de vivir en directo la gesta de mi amigo.

Felicidades Alberto por tu cuarto maratón, el más duro, el más meritorio

2 comentarios:

  • A las 29 de junio de 2007 a las 4:29 , Anonymous Anónimo ha dicho...

    Quizá no sea la carrera más dura del mundo, quizá no tuviese un perfil difícil de afrontar, quizá no fuese la más preparada de mi vida, quizá no fuese con la que más motivación afrontaba, pero si la que más me ha costado conseguir. Únicamente apuntar, que sobre el Km. 30 ya no tenía piernas, no me respondían, era un corredor cadaver. Todos los corredores a los que había dejado atrás, desde hacía varios Kms, sin forzar en absoluto, me pasaban uno por uno, y yo me sentía absorto y sin ningún tipo de fuerza para seguirles el rastro. JCarlos, que me ayudó desde el Km. 27-28, fué el que verdaderamente me motivó a continuar. SObre el Km. 32-33 le comenté que abandonaba, que ya no podía más, pero él me dijo que siguiera, que apenas quedaban unos Kms. A partir de ahí, por mi cabeza sólo pasaba la idea de llegar a la meta y tumbarme en el césped a descansar. Mi llegada fué en 4h 19 m 57 S, prácticamente de los últimos. Si bien es cierto que mi preparación de cara a una maratón había sido bastante imcompleta (desde la media de córdoba venía arrastrando molestias en el pubis)no me esperaba este bajón tan repentino.
    Bueno, pero estoy muy satisfecho, ya que la otra opción hubiese sido quedarme en casa viendo como se me esfumaba otra maratón de Toral.
    Desde aquí mi agradecimiento a JCarlos, que tanto me ayudó y se volcó para que llegase a la meta.
    Para el año que viene, os propongo a los 2 que la corramos juntos.

     
  • A las 29 de junio de 2007 a las 5:52 , Anonymous Anónimo ha dicho...

    Tengo que comentar cómo anónimo porque no me permite entrar con mi nombre (ya es la segunda vez que me pasa).

    Muy buena crónica Alberto. Te felicito nuevamente. Lo has hecho muy bien, dando todo lo que podías. A J.Carlos hay que agradecerle su ayuda, creo que como cuentas fue determinate. Ahora a esperar a Noviembre, nos espera Córdoba.

     

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